Blog dedicado a esas hermosas almas con cuerpo de mujer

"La mujer no nació de la cabeza del hombre para estar por encima de el ni de los pies para ser pisoteada, la mujer nació de la costilla del hombre para ser abrazada y protegida"

jueves, 10 de febrero de 2011

A veces (Una cita con el psicoanalista)


Llego a mi cita con el psicoanalista, ya un poco retrasado debido a mi problema de insomnio, luego de haber subido 14 pisos por las escaleras a causa de que el ascensor se encontraba dañado. Al llegar a su consultorio el hombre me recibe con mucho agrado y me invita a pasar.

Al entrar me pide que me ponga cómodo y me acuesto en el diván.

-Coméntame ¿cómo te has sentido?- Me pregunta

Saco un cigarro y lo enciendo, inicio mi historia.

-Ha pasado tiempo desde que terminamos y por más que todo en mi vida marche bien, aún la recuerdo. Aunque ya sean pocos los momentos y que todo entre ambos ya quedó claro, aún hay muchas cosas y muchos momentos en donde la recuerdo. Se que es normal que eso pase, porque el tiempo aún no ha terminado de actuar en mí-

-Cuéntame ¿qué es lo que recuerdas?-

-No es tanto lo que recuerde, son cosas de su vida las que vienen a mi mente como si fusen propias o como si me importase tanto el querer estar ahí para ayudarla, pero la realidad es que ya no estará más en mi vida, porque así lo he decidido, porque quiero estar mejor, aún si eso implica tenerla tan lejos.

Ella, una joven a quien le tocó ser madre desde muy temprano, renunciando a su vida por darle lo mejor a su pequeño, renunció a su futuro, sus amistades y parte de su familia. Su pequeño, su más grande razón para vivir, su eterna felicidad, aunque incompleta, pero ella la ve más que completa.

Las cosas no terminaron bien entre nosotros, el destino lo quiso así. Este dolor que sentí después de su partida me ha hecho más humano, he madurado como nunca creí que lo haría, tal vez lo necesitaba para poder avanzar, para dejar de ser un niño y transmutar al hombre en quien me estoy convirtiendo.

A veces quisiera agradecérselo, pero en ella solo puedo ver una niña insegura, quien aún no tiene clara su visión de la vida, pero no la juzgo, por algo Dios lo ha permitido. A veces siento deseos de no irme de su lado, pero ya me encuentro lejos y no me puedo devolver a mitad de camino.

Ella fue mi primera vez, mi motivo de rebeldía, un momento de paz en mi atolondrada vida. Ella fue el puente de transición de lo que me estoy convirtiendo ahora...-

-Perdona mi interrupción, ahora te pregunto ¿qué sientes por ella en estos momentos?-

-Aún la quiero, no de una manera tan obsesiva, solo siento ganas de protegerla, de darle mi mano, de marcar la diferencia en su vida, de demostrarle que vale mucho más que ese encierro bajo el cual vive, en donde cree que es feliz, pero solamente se hunde en un mundo de amargura y desprecio-

-En base a esto que me has contado ahora ¿qué me podrías decir de tu estado de ánimo?-

-Ya me encuentro un poco más sereno, lo que pasó con ella ha quedado en el pasado. Lo que rápido empieza rápido termina, esa es la realidad. No puedo pretender ser un amigo, cuando en estos momentos mis capacidades no están para darle o recibir una amistad en ambas partes.

Pienso que estoy muy bien en mi área sentimental, conociendo nuevas personas, compartiendo con mis amistades, haciendo lo que me gusta. Me siento mucho más libre desde que me fui de su vida, sin hacer ruido, sin despertar sospechas. Aunque muy tarde se enteró de ello, pienso que lo deseaba desde lo más profundo de su ser-

-¿Por qué estás tan seguro de ello?-

-Poco a poco y sin disimularlo lo iba haciendo, cada vez me alejaba más. Por más que intentara llegar a sus puertas ella me iba alejando, aunque lo niegue, sabe que es así. Ella no es una mujer de amigos, no visita a nadie, no llama a nadie, no busca a nadie, ese es su estado natural y no puedo pelear contra ello, ya tiene a sus personas predeterminadas, sabe bien con quienes compartir, aunque casi nunca lo hace, ella es ella misma.

Se que no merece que esté aquí hablando de su vida, porque eso es solo de ella, pero... Hizo parte de mi vida y eso no lo puede cambiar... La extraño tanto... -

Suspiro, hago una pausa y dejo caer la colilla del cigarro en un cenicero. Enciendo otro cigarro y continúo con mi historia.

-Hay un viejo dicho que dice "Si amas algo déjalo ir" y esa es mi realidad... Decidí dejarla ir, decidí marcharme. Si ella es feliz teniéndome lejos pues lejos me iré-

-¿En algún momento has sentido ira o resentimiento hacia ella?-

-En ocasiones he llegado a decirme a mí mismo "Ella goza de ese sufrimiento, de allí nació su única razón para vivir, ella no quiere a nadie que la trate bien, ella no valora a nadie, no le importa la felicidad de los demás, solo le importa su propia felicidad sin importar lo que tenga que hacer, es su instinto de supervivencia"...

Estas cosas son producto de mi inmadurez, lo reconozco, es por eso que estoy aquí desahogándome, porque no me quiero guardar nada, quiero dejar atrás estas cadenas y volar muy alto, muy lejos-

-Pues por eso estás aquí, para que esas cosas que tienes guardadas las puedas sacar y continuar con tu vida nuevamente y que todo lo que has aprendido en cada una de estas sesiones lo puedas aplicar en tus próximas experiencias. Ahora solo puedo decirte que debes aprender a ir despacio y sin apuros, que no te avientes tan rápido al amor, dale tiempo al tiempo, se que más adelante podrás recordar esas cosas sin que te hagan tanto daño... Una última cosa ¿Qué le dirías si estuviera aquí en frente?-

-Le diría que...-

Nuevamente suspiro y termino mi cigarro, vuelvo a echar la colilla en el cenicero.

-A pesar de todas las cosas... Espero que algún día pueda encontrarse así misma como la gran persona que es, que pueda continuar con su vida y que si se lo propone llegar a ser alguien grande, que continúe con su camino y que ojala pueda volar tan alto para alcanzar sus metas... Espero no equivocarme... Quiero lo mejor para ella... No tengo más para decir...-

Después de una charla corta damos por terminada la sesión. Me pongo de pie y salgo de su consultorio. Camino hacia la entrada del edificio y veo las nubes apartarse para que el sol pueda reflejar sus rayos sobre el suelo, la brisa roza mi rostro para dejar escapar una sonrisa y mi alma descansa.

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