Blog dedicado a esas hermosas almas con cuerpo de mujer

"La mujer no nació de la cabeza del hombre para estar por encima de el ni de los pies para ser pisoteada, la mujer nació de la costilla del hombre para ser abrazada y protegida"

martes, 12 de julio de 2011

Crónica: Mi viaje a Bogotá y el concierto de Iron Maiden (Parte 3)

Después de un sinfin de inconvenientes que tuve, aquí adjunto la tercera y última parte de la crónica de mi viaje a Bogotá y el concierto de Iron Maiden...

Parte 1
Parte 2 

Cinco minutos después de la partida de Lorena, me encontraba solo y a unos cuantos pasos del primer anillo de requisas. Una mujer aparentemente solitaria, cabello castaño, estatura mediana y contextura gruesa, de anteojos, a mi concepto muy atractiva pero al tiempo sencilla; digo sencilla en el buen término de la palabra, ya que a mi vista (y soy muy criticado en mi tierra por ello) me atraen más las “cachacas” (como les decimos acá en la costa).

Creo que siempre he tenido eso, fijarme más por las mujeres del interior que por las de mi propia tierra, a pesar de tener gran diversidad en el ámbito proporcional y racial (pienso que es cuestión de gustos).

Ésta atractiva mujer estaba a unos pasos delante de mi, yo solo escuchaba su pregunta “¿quién va para Talismán?”.

Esa fue la clave, yo solo respondí en mi ignorancia y sin ningún tipo de interés (creo que hasta lo hice en un tono coqueto y desinteresado al mismo tiempo), no presté mucha atención y crucé el primer anillo de seguridad sin ninguna prisa.

Había un largo camino que nos conduciría al segundo y tercer anillo de seguridad, para después entrar a la localidad ya mencionada. En el camino tomé algunas fotos, mi emoción estaba al tope, a pocas horas de ver a los grandes.

Esa banda que por primera vez escuché de que existían cuando solo tenía 8 años, que a los 13 los escuché por primera vez, luego los 14 compré mi primer sweater con su imagen estampada, sin contar el sinfín de objetos con el logo que los caracteriza. Que en 2008 me sentí frustrado por no haberlos podido ver y que al año se repitió la misma dosis. Que luché durante meses para conseguir el dinero de la boleta, luego convencer a mi vieja de que me dejara ir solo (cosa que no fue fácil). Pero que gracias a mi perseverancia y a mis ganas, todo por un solo fin: Cumplir el sueño que había tenido años atrás, en donde llegaba al Simón Bolívar y los veía tocar.

Mientras tomaba algunas fotografías escuché una voz muy familiar detrás de mí, era la mujer que antes ya he descrito antes, alegándome que la esperara, algo inesperado para mí.

Caminamos juntos hasta la entrada, allí nos tomamos unas fotos antes de entrar a nuestra localidad en el parque. Luego debía llamar a Diana para buscar su ubicación. Después de dar vueltas por el parque buscándola, logré ubicarla, tuvimos un saludo cordial y le presenté a Paola, mi acompañante esa noche.

Y digo acompañante porque no estaba en los planes de Diana que alguien vendría conmigo.

Luego del protocolo y tomarnos algunas fotos, nos sentamos en las gradas e intercambiamos algunas palabras, casualmente resultamos ser colegas ya que ambos estudiábamos carreras dependientes entre sí; el caso de la comunicación social y la producción de radio y tv, ambas se necesitan mutuamente.

Fui por unas bebidas, porque tenía mucha sed (no había tomado agua desde la mañana), a Paola le compré una gaseosa (que las vendían un poco más caras de lo normal). Volví a las gradas pero ella estaba alejada del parche de Diana, me explicó que desde ese sitio se podía apreciar mejor el espectáculo.

Y efectivamente se podía apreciar el escenario perfectamente, allí nos sentamos y nos tomamos nuestras bebidas, seguimos platicando sobre nosotros.

Fue algo muy wow, no lo podía creer, yo allí en Maiden compartiendo con alguien que recién conocía y que también iba casi en las mismas condiciones mías (Ir solos). Sin duda alguna, ella escribiría mi página junto a Iron Maiden y haría parte de esa historia.

A eso de las 6, comenzó a llover, me arrepentí de no haber comprado los plásticos afuera ya que adentro los estaban vendiendo muy costosos. Paola estaba igual (que si en ese momento nos hubiéramos abrazado, hubiese sido porque la situación ameritaba hacerlo).

Temblando de frío estaba, allí sentado en las gradas, a pocas horas de cumplir mi sueño, con una mujer que compartía aficiones conmigo, con la que necesitaba compañía mutua. Así describía yo esa situación, tan asombrosa e inusual.

Mi amiga Lorena afirma que soy de muy buena suerte, porque ni ella, que toda su vida ha vivido en Bogotá, que en muchas ocasiones fue sola a conciertos se había encontrado a otra persona en la misma condición. Sola iba y sola regresaba.

No creo en la suerte, fue solo una casualidad (así lo pienso), aunque adaptándome a las creencias de mi gente en Barranquilla diría que por algo ella estuvo allí conmigo.    

Empapados de agua lluvia, soportando el frío y arrepentidos por no haber comprado afuera los plásticos para protegernos de la lluvia. No quería que termináramos congelados de frío, tuve que pagar el doble de precio por el plástico que me estaban vendiendo dentro del parque. Lo tomé en mis manos y acomodé bien en la grada para que ambos pudiéramos sentarnos y no seguirnos mojando.

El show inició a las 7:00PM, la banda “Potestad” abrió el show con su Thrash Metal bien influenciado por la vieja escuela. Tenía unas ganas de escuchar un covercito de Sepultura (Troops of Doom), tomarme un “guaro” (que es como se le dice al aguardiente) y sacudir mi cabeza hasta el cansancio. No faltó mucho tiempo antes de empezar a moverme, era necesario para el frío, mientras veía a Paola temblar por los 6º (o menos) de temperatura que hacían.  

A decir verdad, no le prestamos mucha atención a la primera banda, esperábamos con ansias la anhelada presentación de Iron Maiden. En algunos momentos nos distanciábamos para poder ir a los baños, tomar fotos o contestar alguna llamada en el celular.

Una hora después, la gran espera había terminado, por fin se presentaba en el escenario Iron Maiden, iniciando con las canciones de su último álbum, The Final Frontier. Tanto Paola como yo sacamos nuestras cámaras para tomar fotografías y videos.

Mi cámara, ya desgastada por el uso excesivo y los años, aún podía tomar fotos de buena calidad. Me animaba el hecho de conservar recuerdos de aquella noche, tanto por Iron Maiden como por haber compartido ese pedazo de mi vida con alguien en especial.

Alguien en especial… Pues claro, nunca me esperé encontrar a una mujer sola en aquella multitud de más de 8.000 personas para ver a mi banda favorita tocar. Es que por más que lo intente, no puedo cambiar ese momento, ella hace parte de esa historia con Iron Maiden.

“Two Minutes To Midnight” fue la primera canción que interpretaron de sus viejos temas, todo un clásico, pero yo quería más.

Ya con el pasar de las horas el frío había desaparecido, disfrutaba de los temas clásicos de Maiden, botando humaradas de mi boca y no por estar fumando (aunque llevaba más de medio paquete fumado esa noche). Entre sonrisas y palabras que se entrecortaban por el intenso frío, el ruido y el cansancio disfrutábamos muy agustos aquel momento.

Extrañaba a mi familia, mis amigos, mi tierra natal. El concierto opacaba un poco aquellos sentimientos, pero en repetidas ocasiones se entremezclaba con el querer estar nuevamente en Barranquilla para contarles a mi familia y amigos aquella experiencia que me encontraba viviendo en aquellos momentos.  

Fueron tantas las emociones vividas que no me alcanzaría un libro para describirlas, coreaba y coreaba cada una de sus canciones. La más esperada por mí fue la de “Blood Brothers”, la que con todas mis fuerzas coreé, levantando las manos al cielo y recordando a una de las personas que más adoro en esta vida, mi pequeño hermano.

Dickinson hizo una pausa antes de tocarla para hacer alusión a las víctimas del tsunami en Japón, lugar en donde ellos iban a tocar dos días antes de la tragedia y por lo cual tuvieron que cancelar su presentación hasta nuevo aviso.

Una extraña sensación recorre por todo mi cuerpo, con ésta alegría de haber conocido a dos amigas que viven a kilómetros de mi tierra, y a punto de cumplir el sueño de ver a mis grandes ídolos visitar mi Colombia natal.

El miedo de ir solo ha desaparecido, no se cuáles sean las razones, pero he abandonado el parche en donde mi amiga Lorena me había presentado para que no correr ningún peligro, pero no lo hice a propósito, solo se que desapareció y ya. No se si es por el instinto -y digo instinto porque es una ley de la naturaleza- de proteger a aquella mujer que se encontraba en las mismas condiciones que yo, tal vez porque compartimos muchas cosas o porque el frío congeló aquellos miedos con los que cargué desde que salí del terminal de transportes de mi ciudad.

Llegamos hasta un punto en donde podíamos apreciar el escenario desde una pantalla gigante, podíamos tomar buenas fotos. Algo gracioso que hice fue haber fotografíado a un señor de avanzada edad, aparentemente bajo efectos del alcohol, sintiendo la música hasta los huesos. Muy admirable lo del señor, al parecer los esperó durante muchos años (es lo que creo acá en mi ignorancia).

Perdí de vista a Paola durante unos minutos, la buscaba entre la multitud sin resultado alguno, sentí que la extrañaba de hacía tiempo, a pesar de haberla acabado de conocer. Recordé un video de Bon Jovi en donde una de sus escenas se asemeja muchísimo a lo que estaba viviendo en aquel momento. Al cabo de un rato la encontré, con la misma sensación que yo sentía, fue algo muy recíproco y acogedor.

Ese momento marcó definitivamente mi historia, dejó de ser una desconocida para ser parte del ciclo de aquella experiencia, el pocas palabras, ella escribió ese pedazo de mi vida junto con mi banda favorita.  

“Running Free” fue la última canción de su presentación, ya sin fuerzas solo atinaba a gritar con emoción durante el coro, la voz no me daba para cantar, sentía que me iba a desmayar. El frío, la altura, el cansancio, el hambre, un sinfín de cosas vivía en ese momento poco antes de salir por la puerta principal.

Llamé a Erika para avisarle que faltaba poco para acabar el concierto y que estaría esperándola en las afueras del parque.

Ya al terminar, sin más fuerzas que las que me mantenían de pie, salí con Paola por la puerta principal, con voz difónica pero con la alegría de haberme llevado muy buenos recuerdos de ese día, tan marcado por muchas experiencias. Un fuerte abrazo me di con Paola antes de verla partir por la avenida. Seguí mi camino hasta las entradas de la Virgilio Barco para regresar a mi lugar de hospedaje.

Después de ello solo quedaba la emoción por lo vivido aquel día, muy largo por todas las cosas que hice, casi no podía dormir. Fue el insomnio lo que me impulsó a iniciar mi relato, de esta experiencia que quizá nunca más podré olvidar, que aunque el mundo se acabe mañana moriré feliz por haber visto a Iron Maiden en mi país natal, en mi ciudad favorita y haber compartido con una persona aquellos momentos.



Agradecimientos:
Familiares:
Luz Marina Pulido
Edgardo Barraza
Ligia Esther Ospino

Amistades:
Paola Sierra Neira
Lorena Díaz
Catalina Fandiño
Diana Mortuary
Erika
Oskar Sterling Ribaldo*
Rodrigo Martínez*
Félix Candanoza Padilla*


(*)Por las instrucciones dadas antes de viajar.

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